sábado, 19 de octubre de 2013

El absentismo de la Seguridad y de la Autoprotección

Incluso pasados mis 20 años de edad, mi conocimiento de la red (internet), era tan escaso como el intentar explicar la materia oscura del Universo. Sin embargo, el uso de la capacidad autodidáctica, ha hecho que al menos el mero uso de la red hoy en día 15 años más tarde, no me origine un miedo a lo desconocido, al menos en su superficie. Hoy en día, seguramente a cualquier persona menor de 60 años, se le preguntase que se busca en la wikipedia, inmediatamente su respuesta sería es el diccionario más conocido de la red (sin entrar en la autenticidad de muchas búsquedas en la misma). Pues bien, hoy, me detengo en una cuestión que llevaba días rondándome por la cabeza. El absentismo de la seguridad y la autoprotección. ¿Y qué esto? Bien. Comencemos su análisis por qué no a través de la búsqueda a través de la wikipedia  qué es el absentismo laboral; tras la búsqueda, encontramos literalmente que el absentismo laboral es toda aquella ausencia o abandono del puesto de trabajo y de los deberes ajenos al mismo, incumpliendo las condiciones establecidas en el contrato de trabajo. En España, dentro de los acuerdos que se suscriben entre Sindicatos, Patronal y Gobierno se define el absentismo laboral, como toda ausencia de una persona de su puesto de trabajo, en horas que correspondan a un día laborable, dentro de la jornada legal de trabajo. El absentismo es una de las cuestiones que más preocupan a las empresas por los problemas organizativos que suscita y los costes que genera. Y esta definición se completaría con que existen tres tipos de absentismo: el justificado, el injustificado, y el presencial. Y seguidamente, para mi punto de vista, existe un cuarto tipo llamado el absentismo en la seguridad y en la autoprotección, que podría ser una especificación de la presencial. Para ello explico un ejemplo de otros tantos que personalmente he vivido…….

Son las 06:30 horas,  de un viernes, y me encuentro en el acceso a unas instalaciones cerradas, con escasa iluminación, a las afueras de la urbe, y fuera de tránsito de cualquier actividad social, bien polígonos, urbanizaciones etc. Estoy dentro del vehículo, con las luces de carretera (comúnmente conocidas como las largas), y a unos 5 metros de donde me encuentro a mi derecha se encuentra la garita donde debería estar el vigilante de seguridad separados por una puerta corredera metálica realizada con hierro en forma de barrotes, que deja ver tanto los exteriores y los interiores de las instalaciones. El vehículo sigue con las luces largas, por lo que sería sencillo, la detección de mi presencia, tanto por las luces, como por el motor del vehículo, que al ser un modelo diesel, tipo usuario, su nivel de ruido es medio o alto, incrementándose la percepción del mismo, si además en dicha área no existe actividad cercana.

Han pasado 5 minutos, desde mi llegada. No existe rastro del vigilante de seguridad, salvo su vehículo particular, que desde mi posición, tengo visión del mismo. Estos 5 minutos, han sido por la deferencia particular, por si el vigilante de seguridad, en el momento de mi llegada, estaba realizando una ronda de inspección por las instalaciones, cuyo perímetro para su supervisión, son más que suficientes los 5 minutos comentados. Ni rastro del vigilante. En mi forma de analizar, no suelo prejuzgar. Sigo en el mismo sitio con el vehículo, y acciono varias veces su bocina. Ni rastro del vigilante. Ya han pasado 10 minutos y sigue sin aparecer el vigilante de seguridad. Comienzo a preocuparme. Apago el motor del vehículo, y salgo del mismo, y durante 1 minuto aproximadamente, de forma pausada, dejo que mis ojos, comiencen a adaptarse a la oscuridad reinante, tras apagar las luces encendidas del coche. Del bolsillo izquierdo de mi pantalón, tras sacar el teléfono móvil, realizo una llamada al teléfono móvil del servicio de vigilancia, para localizar al vigilante de seguridad. Tras agudizar el oído, escucho el timbre de la llamada del teléfono móvil en la propia garita. Segundos más tarde, y tras finalizar la llamada, ni rastro del vigilante de seguridad. La preocupación va en aumento. Segundos después, analizo el área, para intentar saltar a las instalaciones, dado que todos los intentos por encontrar al vigilante de seguridad, habían finalizado en fracaso, y a sabiendas que seguía su vehículo particular (el cual lo reconocía que era de él), comenzaba a originarse en mis valoraciones un supuesto de probabilidad, que el vigilante de seguridad se hubiese accidentado, o bien se hubiera quedado encerrado al realizar una ronda en alguna parte de la instalación.

Momentos después de analizar, por qué zona me ofrecía garantías de no hacerme daño, para pasar al otro lado del acceso, y por tanto, tras más de 20 minutos de espera, poder estar dentro de las instalaciones, y comenzar la búsqueda del vigilante, este de repente salió como si fantasma fuera medio agachado, sin comprender la realidad de su alrededor, e incluso muy posiblemente fuera de cobertura su parte cognitiva de lo que realmente estaba sucediendo, desde la propia garita antes comentada. ¿Qué estaba haciendo el vigilante de seguridad? ¿Cómo no pudo durante 20 minutos, escuchar el ruido del motor del coche, las luces de carretera del coche, su bocina, la llamada al teléfono móvil asignado al servicio de vigilancia?

Minutos más tarde, el vigilante de seguridad admitió su torpeza de haberse metido en el cuarto de las taquillas de la garita donde dejan sus enseres personales, y se tumbó a dormir. Y solamente se dio cuenta de qué algo sucedía fuera cuando se despertó por que había soñado que sonaba su teléfono móvil, y por eso cuando abrió un ojo, observó mi llamada, y por ese motivo, se asomó desde la garita medio agachado todavía rezando por que estuviese soñando.

Esta historia real, cuenta con las características esenciales para explicar el absentismo de la seguridad y de la autoprotección, cuyo primer acercamiento a una definición sería la siguiente: ausencia y omisión de los mecanismos de prevención, reacción y defensa, que tiene encomendada una persona cuyas obligaciones son la salvaguarda y la protección de bienes jurídicos protegidos, así como la ausencia de la realización de todo deber de cuidado por dichos bienes y por la protección de su integridad física e incluso de su propia vida.

 

La definición comentada, no solo recae en el derecho que tiene un empresario por sancionar comportamientos graves de un trabajador. Si no la reacción en cadena que dicho comportamiento lleva implícito en el mismo. Para la comprensión de la definición, no entro a analizar, ni a valorar, ni cuestionar subjetivamente por qué ese comportamiento se ha originado por parte del vigilante de seguridad, si no más bien enfoco el análisis a través de ciencias, que puedan responder y ofrecernos qué tipos de consecuencias pueden dar lugar, detrás de este fenómeno de absentismo, de manera corta y sencilla.

En primer lugar en la esfera de la Criminología, ciencia interdisciplinar empírica (que estudia la realidad), que estudia el delito, el delincuente, la víctima, y su entorno social. Si esta ciencia, nos ofrece a través de sus teorías que la delincuencia se mueve, vive y se desarrolla a través de los principios de la oportunidad, la motivación del delincuente, y del principio de los medios de la capacidad, nos da como resultado de la escala del 1 al 10, un 10 de que se origine una acción delictiva contra los intereses protegidos, y en el ejemplo comentado, la fácil actuación, así como la fácil acción lesiva con escasa probabilidad de defensa por parte del vigilante de seguridad, dado que este favorecía por su absentismo, dicha probabilidad que de facto era elevada en sí misma, por la ubicación de las instalaciones y por su nivel de iluminación así como por su actividad.

Por parte de la sociología, ciencia que estudia el contexto social (definición muy resumida), puede darnos a entender cómo el absentismo de la seguridad y la autoprotección, en la detección no solo de los mecanismos de inspección de un empresario, si no por la detección de la sociedad de ejemplos comentados anteriormente, da como resultado, la disminución de la credibilidad de servicios de seguridad, y procrea la dificultad del desarrollo económico, social y político de dichos servicios.

Por último, en la cuestión laboral, el absentismo de la seguridad y la autoprotección, crea escenarios de aumento de costes, bien por la detección de estos absentismos, que deban al empresario tomar mayores medidas de inspección y supervisión, rotación de plantillas, pérdidas intrínsecas que se generan en el personal de seguridad a través de su experiencia, bien por quejas formuladas por los usuarios de los servicios de seguridad, bien por el coste de reparar responsabilidades civiles por la negligencia grave por parte de un vigilante de seguridad, etc.

Concluyendo, y tras el análisis de este absentismo a través de la Criminología, la Sociología, y el poder del empresario, concluyo con la siguiente definición de absentismo de la seguridad y de la autoprotección:

-          ausencia y omisión de los mecanismos de prevención, reacción y defensa ante los fenómenos criminógenos y los fenómenos sociales, por el cual tiene previamente encomendada una persona, cuyas obligaciones son la salvaguarda y la protección de bienes jurídicos protegidos, así como la ausencia de la realización de todo deber de cuidado por dichos bienes y por la protección de su integridad física e incluso de su propia vida, tras la adquisición de dichas obligaciones por su condición de garante bien por su condición social, laboral o por requisitos legales adquiridos para el desarrollo de una actividad cuyo núcleo es la seguridad.


 

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